Declaración de guerra.
La última novedad en relación a mis compañeras de piso es que la catkiller número 1, que responde al nombre de Ana, ha traído OTRO GATO a casa. Ahí, con dos cojones.
Eso sí, el mismo día de traerlo, unos 10 minutos antes, tuvo la delicadeza de avisarme (porque ya le dejé claro después de lo que hicieron con la otra gata que ni de coña entraba otro animal en casa mientras estuviera yo).
Más o menos me dijo que sus amigas le habían dicho que le iban a llevar un regalo, y que tal regalo se llamaba Lucas. Pero que ella no sabía qué tipo de animal era, que a lo mejor era un periquito. ¡Menuda japuta está hecha esta tía! ¿Se cree que soy gilipollas o qué? Yo le repetí mi opinión, pero al final hizo lo que le salió del chichinabo.
Moraleja: recojo el guante y a partir de ahora no tendré en consideración absolutamente en nada a esta piba, en lo que a convivencia se refiere. Porque reconozco que pese a todo lo anterior y a su actitud (es una cerda de mucho cuidado), yo seguía en plan civilizado, porque me negaba a cambiar mi forma de ser por esta tía, que una ya tiene su edad para mariconadas y tal.
Pero a partir de ahora, como si viviera sola, on my own way, como dice un blog que yo me sé.
Y otra cosa, entre ambas catkillers empieza a haber un poco de mal rollito, por éste y otros motivos. Problemas en el paraíso, ya ves, y yo preocupá.

Toni dijo
Pobre gato, no tiene la culpa de lo que ha pasado y de que su dueña vaya a representar Misery con él.
De todas formas, habra que aguantar un poco mas..., no todos vamos a ser iguales. Aunque mas vale una vez colorado que cientos amarillas...
En fin, quien sabe, a lo mejor te llevas bien con el pobre gato.
La proxima vez que vivas con gente debereis poner unas reglas de convivencia irrompibles.
Saludos :)
16 Enero 2007 | 02:07 AM