Cómo empezó todo...
Antes de llevar el diario al día, os tengo que poner en situación:
Cuando volví de Málaga este verano a Madrid para continuar con mis estudios, ya sabía que tendría que buscarme una nueva compañera de piso. Aunque al final resultó que se iban las dos.
Bueno, pues vale, a poner carteles por ahí. Sabía que no me costaría encontrar a gente interesada, porque (flipad!) pago 150 € al mes en un piso de 3 habitaciones en Madrid. No me equivoqué.
La primera chica que vino a ver el piso se quedó con una de las habitaciones. Se llama Ana, tiene 19 años y estudia Sociología en la Complu.
La segunda y última vino a través de Andrea, una compañera de clase, se conocían desde hacía tiempo. Vino a ver el piso, le gustó y se quedó con la última habitación disponible. Se llama Sara, tiene 21 años y es actriz.
Al principio, muy bien, la verdad, muy buen rollo. Bueno, sabía que no teníamos mucho en común, sobre todo por la diferencia de edad, pero tampoco es algo que necesite para convivir con alguien.
Pero todo empezó cuando Ana trajo una gatita a casa (antes nos preguntó si nos importaba; yo encantada, pero Sara puso algunas pegas, aunque acabó cediendo). Total, y abreviando, que la peque tenía costras por el cuerpo, y Ana la llevó al veterinario. Le sacaron sangre y le dijeron que podía ser tiña, que es una enfermedad contagiosa pero que tiene cura.
Estuvimos cuidando a la gata, sobre todo Ana (que para eso era suya) durante 5 días, hasta que un viernes llama el veterinario para decirle que los resultados han sido positivos, o sea, que tiene tiña.
Reconozco que ese día no estaba muy fina: no fui a clase porque estaba incubando un virus de esos de catarro (mocos, tos y tal). Me levanté a las 4 de la tarde, más o menos. Y cuando me sueltan que la gata tiene tiña seguro yo pensé: "coño, ¿eso es nuevo? Ya lo sabíamos".
Así que seguí a mi rollo. Y cuando van saliendo por la puerta y me dicen: "Vamos a cometer un asesinato". Digo: "¿QUÉ?". Y ellas, que sí, que vamos a dejar a la gata en una caja en la basura. Les dije que podían devolvérsela a la chica que se la dió, que era amiga de Ana, y ya le dijo que si ella no podía con los gastos del tratamiento ella se la quedaba. Pero me dijo que no le cogía el teléfono (¡uf, qué original!). Les dije que podían llevársela a un veterinario, que ellos se encargarían de buscarle una casa. Y ellas, que no, que nadie iba a querer una gata con tiña. Y van
y se piran.
Y yo me quedé como una puta gilipollas, pegada al suelo sin saber qué hacer, sin reaccionar. Qué asco me doy cada vez que me acuerdo. Ya me vale a mí también.
Pero es que el lunes en clase me entero por Andrea que lo que hicieron con la gata fue aún más cruel e inhumano que lo que yo creí: metieron a la gata en una bolsa de plástico y de ahí al contenedor. ¡Qué hijas de puta! Ni una sola oportunidad de salir de ahí. A mí me dijeron que la iban a dejar en una caja al lado de la basura.
Desde entonces, no las puedo ni ver...

Loren dijo
Acabo de leer tu blog. Me alegro mucho que hayas tenido confianza para decirme que tenías uno y darme la dirección. Prometo que te seguiré y dejaré constancia en los comentarios.
Besitos
Loren
17 Noviembre 2006 | 12:23 PM